Pularda rellena de castañas

ene 4 2014 en Cocina de cosecha, Recetas por Fernanda

Una de ratas y palitos

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Cuando estudiaba psicología aprendí una palabreja de ésas que les chiflan a los psicólogos y a los médicos, y que me impresionó mucho. No por la palabreja en sí, sino por uno de los experimentos con que la conceptuaron.
La cosa fue así: los de la bata blanca cogieron dos grupos de ratas (criaturitas) y las colocaron en sendos cubos llenos de agua. A unas les dejaron sobre el agua palitos sobre los cuales poder subirse para no ahogarse, y al otro grupo no le dejaron nada. Dejaron a los dos grupos enfrentarse a su “destino”, pero sacaron del agua a las ratas que no tenían palitos justo antes de que se ahogaran.

Por segunda vez volvieron a colocar a los grupos de ratas en cubos, pero esta vez dieron palitos a todas. Y las ratas del segundo grupo, las que se habían salvado por “intervención demiúrgica”, ni siquiera intentaron subirse a los palitos.

Seligman, aunque obviamente esperaba algo por el estilo, se quedó petrificado por la elocuencia de los resultados -aunque también chispeaba un poco, seguro, los sabios son así ;) .

Esta noche damos a la bienvenida a un año nuevo.

En este año la mayoría de nosotros hemos atravesado corrientes turbulentas muy severas.

Y lo curioso del caso es que, como cuando pasa un tifón sobre una playa, la cosa no termina ahí.
Al contrario. De alguna manera, la cosa empieza ahí.

Porque después, cuando parece que lo peor ya ha pasado, nos damos cuenta de que no estamos bien.
Estamos tristes, apagados, sin fuerzas, sin energía.
Como si nos hubieran sacado el aire del cuerpo.
Tenemos un miedo difuso, no sabemos de qué.
Nos sentimos como si cada día andáramos sobre cristal.

piedras

Esta tristeza esencial tiene mucho que ver con el desvalimiento aprendido de Seligman (ésa era la palabreja en cuestión). La mayoría de las dificultades que hemos pasado se han debido a cosas que estaban por completo fuera de nuestro control, y las hemos vivido profundamente así: como algo que no tenía ninguna relación con lo que habíamos hecho en el pasado ni con lo pudiéramos hacer en el presente para evitarlo.
Es la tristeza mortal de la rata sin palito.

Porque es verdad que hemos vivido muchos episodios en que nos hemos sentido así. Y mucho peor aún: como si el experimentador, como si no fuera bastante vernos en el brete de ahogarnos, nos hundiera un poco la cabeza con cara de cinismo.

Eso es verdad.
Pero pensad una cosa que resulta trascendental: de entre los dos grupos de ratas, ni siquiera las ratas que pudieran haberse ahogado del primer grupo, las que buscaron dónde subirse y pelearon por su vida, habrían muerto con la amargura que les quedó a las ratas que no se ahogaron del segundo grupo, y que aprendieron que hay un “poder” que las acecha y del que serán siempre incapaces de defenderse.

Así que esto es lo que quiero deciros, y decirme a mí misma, hoy:

Abrid bien los ojos. Despertad del sopor de la tristeza profunda. Buscad los palitos. HAY palitos. Buscadlos. Agarraos. Pelead.
Elegid ser ratas que buscan los palitos y que pelean por subirse a ellos.
Y aprended a hacer el muerto. A cabalgar sobre la corriente sin perder el gobierno.

No renunciéis. No os dejéis vencer por el desaliento y la desesperanza.

Buscad la luz. Acercaos a quien puede inspiraros, haced distancia de seguridad con quien enrarece el oxígeno del aire.

rayo de luz

Pensad en aquello que a largo de este año habéis dado por perdido. Pensad en las cosas que veis tan lejanas pero que aún os provocan ilusión. En todo lo que habéis descartado por descabellado. En las cosas que no os gustan y a las que habéis decidido acostumbraros. En los riesgos que no queréis correr.

Desechad lo que habéis aprendido, lo que habéis experimentado antes. No lo deis por seguro. No supongáis que ese lado oscuro tiene más fuerza que el nuestro. A menudo tiene más fuerza sólo porque las ratas han aprendido que no sirve de nada pelear contra el agua.

Dejaros de milongas, poneros de pie, ir a por todas esas cosas.

Dejad de hacedle el juego a quien saca partido de vuestra tristeza de ratas sin palitos, de vuestro miedo profundamente sembrado, porque ya se han encargado ellos de haceros antes saber lo que viene después.

Levantad la cara, sonreíd, mostrad vuestro desprecio y vuestra libertad: poned la palanca de marchas en modo apisonadora, y a por ellas.

Quitadle el polvo a vuestro lado vikingo y dejadle gobernar vuestra alma todo este año nuevo, que llega temeroso de lo que va a encontrarse.

Que se encuentre con mujeres y hombres bien erguidos, pacíficos, pero con ganas de guerrear si los provocan.

cortina

Adelante, queridas, queridos…

Viene un Año Nuevo…

Vamos a por él, que es nuestro.

¡Feliz Año Nuevo!

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Pularda rellena de castañas a la Moragrega

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{para el relleno}

  • 6 rebanadas de pan de molde sin corteza mojadas con leche y escurridas
  • 150 gr de pasas
  • 700 gr de castañas pilongas o peladas
  • 250 gr de bacon cocido
  • 2 cebollas blancas dulces
  • unos granos de uva fresca sin semillas

{para la pularda}

  • una pularda deshuesada (la mía pesaba 4 kilos, y han salido 8 raciones)
  • 6 cebollas
  • 2 puerros
  • un vaso y medio de brandy
  • un racimo de uvas
  • mantequilla, sal, pimienta, hilo y aguja para embridar el ave

Comenzamos con las castañas. Si no queremos tener que pelar las castañas, compramos castañas pilongas, y las ponemos a remojo, como si fueran una legumbre seca, la noche anterior, para que se rehidraten.

castañas

Si tenemos castañas con piel, les hacemos una incisión a lo largo y las cocemos, cubiertas de agua, 15-20 minutos en el microondas a unos 800 de potencia.
Las sacamos del agua, y cuando se haya enfriado justo lo suficiente para poder cogerlas con los dedos sin socarrarnos totalmente, las pelamos.
Si las castañas son buenas (deben tener buen peso, cáscara lisa y brillante y buen tamaño; al sumergirlas en el cuenco con agua no deben flotar, sino hundirse) se pelan muy fácilmente: las dos cáscaras salen juntas y prácticamente es como quitarles un abrigo, quedan preciosas y enteritas. Si queda algo de piel entre las nervaduras más profundas, se saca sin dificultad utilizando un palillo.
Moraleja: conviene esforzarse en comprar las mejores castañas que encontremos.

castañas peladas

Ya tenemos las castañas sin piel y cocidas.
Cortamos la cebolla fina y la doramos en una sartén con aceite o con mantequilla, a gusto de cada uno.
Ahora cortamos el bacon a trocitos y lo pasamos por la procesadora. Lo pasamos a un cuenco. Añadimos las pasas remojadas unos minutos en brandy tibio, el pan remojado en leche y escurrido, las dos cebollas. Pasamos las castañas por el procesador y las añadimos (mejor que queden con más textura que como una pasta, es más agradable). Salpimentamos la farsa y la homogeneizamos con las manos. Y ya tenemos el relleno listo.

farsa

Preparamos la rustidera donde irá el ave. Yo he gastado directamente la bandeja honda de mi horno, porque ninguna de mis fuentes es bastante grande para un animalito como éste.
Colocamos un lecho de puerros y cebolla cortados someramente sobre la bandeja en cuestión y un par de docenas de granos de uva sin las semillas, y la dejamos preparada.

lecho

Y empezamos a rellenar la pularda. La colocamos extendida sobre la mesa de trabajo, la cerramos un poco y cosemos el principio, junto a los muslos, para poder rellenarlos hasta el fondo, haciendo un poco de presión con las manos. Después seguimos cosiendo hacia arriba, la vamos rellenando y compactando y finalmente cerramos colocando por encima la piel del cuello con unas puntadas más.

cosiendo 1

cosiendo 2

cosiendo 3

cosiendo 4

Untamos bien el ave con mantequilla a punto de pomada, y la colocamos en la rustidera con las pechugas hacia abajo. Vertemos el brandy sobre ella, y salpimentamos la pieza.

mantequilla

Y la colocamos en el horno a 170 º, durante hora y media.
Al término de esta parte de la cocción la sacamos del horno y la dejamos enfriar.

Cuando se pueda manipular bien, retiramos las verduras del fondo de la rustidera, las pasamos por la procesadora, añadiendo unos cucharones de caldo o agua si la textura resulta demasiado espesa, la devolvemos a la bandeja y colocamos el ave de nuevo sobre ella, dándole la vuelta para dorar el otro lado. (Con la carcasa de la pularda que os habrán dado al deshuesarla y unas verduras os saldrá un caldito excelente).

Ahora la dejamos cocer a 180º hasta que la piel esté intensamente dorada.

lecho

Y listo.

Como todas las carnes, hay que dejarla reposar, al menos 15 minutos, para que los jugos se asienten.

La trinchamos tal como está, con las pechugas hacia arriba. Obtendremos largas rebanadas de pechuga blanca y jugosa con un centro de farsa rosada.
Un lecho de salsa de uvas y cebollas, y poco más necesita este plato para ser, él solo, una celebración.

plato

Unas copas de buen vino (si queréis algo diferente, probad un buen albariño con esta carne), buena conversación, gente querida… y de vez en cuando una ojeada por la ventana para si vemos entrar el Año Nuevo!

p.d.: esta receta me la ha regalado Teresa, sólido y generoso pilar del clan Moragrega de Beceite. Una mujer extraordinaria, de ésas que serían capaces de guiar a una tribu entera de ratas fuera del agua, como el flautista de Hamelin. Gracias Teresa. Como tú eres de esas mujeres que hacen felices los años para los demás, creo que es perfecto desearte a ti, que eres el combustible de tanta gente, muy especialmente: ¡Feliz Año Nuevo!