Solomillo de buey con higos

jun 13 2012 en Cocina de cosecha, Recetas por Fernanda

Adoro los higos. Desde siempre.

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Son deliciosos, carnales, descocados, abiertamente sexuales. Me encantan. Se derriten en la boca y no hay manera de partirlos que no sea tan sensual como tocar la piel de alguien querido. El aroma acre y maravilloso de sus hojas me hace sonreír abiertamente, y hace muchos años escribí un minicuento minierótico donde las hojas de higuera y los higos tenían mucho que ver.

Para mí la higuera, junto al granado, son los dos árboles del Edén; los árboles del Bien y del Mal, los que encierran a la vez los secretos de la sabiduría vital y los de la felicidad sensual, dos cosas que al final probablemente tengan mucho que ver.

Me ha costado elegir esta receta; me ha costado elegirla porque sabía que me costaría mucho escribir algo antes de ella.

Ésta es una de esas semanas en las que pasan todas esas cosas surrealistas en las que nunca habías pensado de verdad (aunque para una muestra de esa clase de cosas no hay mas que leer el periódico en estos días del llamado “rescate” europeo).

Esas semanas en las que como dice Ismael Serrano en La traición de Wendy, algunos viejos amigos nos han traicionado, y las brujas preparan sus manzanas envenenadas, la ofrecen, y vencen de un plumazo sobre nuestras ingenuas artes blancas.

Pero pese a todas esas cosas que están pasando y que ponen en tela de juicio tantas otras, nos quedan los higos, y la buena gente. Que no es poca cosa.

Así que cocinemos; antes o después venceremos, con persistentes pociones y buenos higos no envenenados, a BarbaAzul y todo su séquito de dementores.

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Hoy una receta de magia blanca contra los poderes del mal, para compartirla con cualquiera de esos nuestros buenos y silenciosos amigos, los que están ahí llueva o truene, sin que se les note, sin que cuando hablan con nosotros nombren una sola vez la palabra “yo”; esos que saben ser presencia solícita, caliente y casi invisible.

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Si tenéis amigos de ésos, cuidadlos con higos y otras delicias: son uno de los tesoros de la vida.

p.d.: Rafa, Toni, Noel, Jaime, Elisa, Mapi, Rosa, Jose, Lola, Eli, Isa, Berta (mi esforzada amiga anti-dementores), ésta va por vosotros. Rosa y Jose, gracias. Haremos algo bonito con esa caja de dátiles de Argel.

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Solomillo de buey con higos

para cuatro personas, celebrando una comida como quien pronuncia un conjuro

  • 1 solomillo de buey de unos 600 gr
  • 10 lonchas de jamón serrano
  • un buen vinagre balsámico
  • una copa de vino tinto de la variedad Shiraz
  • una cucharada de miel
  • 8 higos
  • 12 patatas francesas
  • 8 ciruelas de temporada
  • un chorro de buen aceite de oliva
  • un chorro de brandy

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Envolvemos la pieza de solomillo colocando las lonchas de jamón como si fueran un pañal con el que envolverlo. Primero colocamos unas cuantas en horizontal que se sobrepongan unas a otras; disponemos la pieza de carne sobre ellas, y sobre la pieza dejamos caer dos lonchas más.

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Ahora lo vamos cerrando como quien trabaja con una cajita. Con la ayuda de unas tiras de hilo de bramante  (novicias y novicios, buscarlo en chinos y ferreterías de las de antes) lo cerramos cual paquete de regalo de Reyes en el Corte Inglés, lo atamos y lo colocamos en una fuente lista para ir al horno, 200 grados, 15 minutos.

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En una sartén colocamos la copa de Shiraz, el vinagre balsámico y la miel. Sumergimos los higos partidos por la mitad, y las ciruelas en gajos. Mientras el líquido hierve suavemente, los dejamos macerar 10 minutos.

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Hervimos las patatitas 10 minutos. Las escurrimos y las salteamos en una sartén con mantequilla, unas escamas de sal Maldon (o la sal que gastemos normalmente) y unas hojitas de tomillo, hasta que estén doradas.

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Sacamos los higos y las ciruelas de su cocción, vertemos el líquido sobre la pieza de carne y la volvemos a meter en el horno 15 minutos más, a 200 grados, rociándola con sus jugos cada 5 minutos.

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La sacamos, la trinchamos desprendiéndola de los hilos, y montamos los platos con su aderezo de patatas, jugos, higos y ciruelas.

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Y un vaso de buen vino, que hoy será para brindar por toda la buena gente.

Ellos, y no los bancos, los créditos del FMI ni muchos menos quienes nos gobiernan ni quienes nos dirigen son la mejor -y quizá la única- promesa que tenemos de que el mundo tal como lo conocemos encontrará un camino para continuar existiendo.

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Sed fuertes, seguid siendo buenos.

Feliz semana a todos.

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*fotografías, Rafael Bellver