Panes vascos

oct 20 2009 en El blog de Babette, Talleres de Pan artesano, Talleres de Panes regionales por Babette

Quedan sólo unos días para nuestro primer taller de Panes regionales. País Vasco. Os incluyo aquí la descripción que he enviado a nuestra lista de correo, espero que la disfrutéis y os animéis a acompañarnos.

Monica Pardo, la profe, lleva meses preparando con mimo y esmero los pormayores y pormenores del curso para lograr trasladarnos en el tiempo y espacio a un caserío vasco de otra época, cuando los talos se consumían a diario y la vida no se concebía sin ellos.

Al llegar te encontrás con Monica vestida de Neska, traje tradicional de aldeana vasca, y música tradicional de txalaparta, trikitixa o Mikel Laboa que servirá de fondo a la introducción que nuestra profe nos hará sobre los orígenes, historia y actualidad de estos deliciosos panes planos, así como de sus primos la Artua y el Morokil. Te enterarás de cosas como que los talos duros del día anterior se comían mojados en leche con el desayuno, que frescos se preparaban con la comida o la cena, rellenos de algo de grasa, o lo que se tuviese a mano, a ser posible algún producto de la matanza. A veces se preparaba el Talo-ogia, talo pan, si los caseríos tenían la suerte de contar con algo de trigo. Monica nos contará el papel actual del talo, cómo y dónde se toma, y hasta un intento de convertir a este trocito de tradición vasca en comida rápida de calidad. También te enterarás de que la Artua era un pan 100% de maíz, muy tosco, de miga suelta que solía añadirse a la sopa, y descubrirás que el Morokil era una especie de polenta, que se preparaba al calor de los fogones para llenar el estómago, para alimentar, o como dice la tía de Monica, para engordar trasero, y que se comía como una papilla endulzada con miel.

Cuando estés impaciente y deseando meter las manos en la masa, preparemos la Artua. Hablaremos de alternativas, con masa madre y trigo, y Monica compartirá contigo sus experiencias con la harina de maíz, de comportamiento tan distinto a las que estamos acostumbrados. Este bollo amarillo, que casi no se amasa, esperará tranquilo mientras nos dedicamos a otros menesteres, o sea, la divertida creación de talos.

Sentados todos alrededor de la mesa, empezaremos con la faena, como hacían las mujeres en los caseríos, porque éste era un pan de mujeres, parte importante en sus relaciones. En corro se colocaban y sobre el talo-ahola, un especie de círculo de madera, daban forma a los talos sobre sus rodillas. Así, formando talos con las manos, charlaban y cantaban alrededor de la mesa. ¡Cuidado que Mónica intentará hacernos cantar a más de uno!

Dar forma a los talos será lo más divertido. Golpecitos suaves a ritmo de música y canciones populares hasta obtener las “tortitas” que pasaremos por la plancha bien caliente. Y entonces empezaremos a catarlos, con su relleno tradicional, txistorra que nos traerá Mónica desde su tierra, y piperrada de pimiento de piquillo de Navarra, todo ello regado con sidra vasca y txakoli, un vino autóctono blanco, joven y afrutado, que nos alegrará la panza y la mente.

Mónica ambientará la experiencia con sonidos del pasado, representados en grabaciones al abuelo Ángel que en euskera y castellano nos hablará de sus recuerdos, mezclado con música de txalaparta y trikitrixa.

Antes del postre le dedicaremos un momento a nuestras Artuas para ver si están listas, y si toca, las meteremos en el horno de leña y las dejaremos cocer mientras nosotros volvemos a los talos y su versión dulce, que será de miel, con o sin queso Idiazábal, y chocolate.

Con la barriga llena, Mónica nos mostrará la preparación del Morokil que podremos probar antes de sacar la Artua del horno. Y ya, contentos por una jornada bien vivida, volveremos a casa un poco más sabios.

Hay un par de errores en la descripción que claro, son míos, pero Monica me perdona y seguro que vosotros también.

Hasta pronto,

Bea