Sabores perdidos

mar 16 2008 en El blog de Babette por Babette

Existen ciertos alimentos que consumimos sin darnos cuenta de que ya no saben a lo que sabían. Tampoco son tan saludables ni nutritivos como lo fueron. Es todo aquello que se hacía en casa despacio, dando tiempo a que se produjeran fermentaciones que convertían el producto original en otro muy distinto, delicioso, semidigerido, un bálsamo para el estómago y un regalo para el paladar. El queso, el pan, el yogurt, la mostaza, la sidra, el vinagre, el chucrut, la cerveza… no todos conocemos su sabor y aroma. Consumimos imitaciones industriales que buscan el beneficio económico y hacen que sea imposible la calidad. La elaboración artesanal, cuidada, con ingredientes ecológicos, a ser posible locales, produce alimentos exquisitos y de consumo mucho más afortunado para el cuerpo.

Cuanto mejor comemos mejor nos sentimos, pero estamos torpedeados por tanta información que es difícil saber lo que es bueno. Las modas pasan y la confusión aumenta.

Mi propuesta con La cocina de Babette es volver a la producción lenta y casera, con alimentos ecológicos de origen local. No es cosa de cambiar nuestra dieta y no volver a salir a cenar. Vivimos la época que nos ha tocado vivir. Pero hay mucho que podemos incorporar a nuestra alimentación y que nos ayudará a tener mayor calidad de vida, en más de un sentido. A parte del consumo, la preparación de estos alimentos tradicionales trae a su autor una satisfacción considerable.

El mundo de la alimentación sana ya no gira en torno a las calorías o las grasas. Se trata de ayudar a nuestro cuerpo, facilitar la digestión y fortalecer nuestro sistema inmunológico. Lo notaréis en vuestros niveles de energía y en vuestra resistencia a coger cualquier catarro que se pasea por la oficina, o el parque. Recuperar el control sobre lo que comemos es algo a lo que deberíamos aspirar.

Cierto es que algunos de los movimientos que han surgido en torno a la alimentación sana en los últimos treinta años y que ahora se han puesto de moda en países como Estados Unidos, Inglaterra o Alemania, resultan bastante dogmáticos y algunos de sus defensores muy agresivos. Con esto quiero decir que lo bueno es escoger de aquí y allá lo que a uno le gusta y no dejarse achicar por las deficiencias de su procedencia, si es que las tiene. Lo mismo ocurre con el exceso de información.

Yo me inclino por utilizar mi sentido común para juzgar lo que es bueno y malo para mí aunque sus efectos a corto plazo no siempre pueda verificar, y como me encanta comer, mis papilas gustativas hacen el resto. Lo más interesante de muchos de los alimentos del sibarita alternativo es que son de preparación sencilla y con frecuencia no requieren más dedicación que nuestros dientes: unos minutos por la mañana y otros por la tarde, y sin las temidas visitas al dentista.
Aquí iré compartiendo información digerida, o semidigerida, como si de un ‘blog fermentado’ se tratase. Salud y buen provecho.